El entusiasmo la ganó de a poco, y se sumergió en el extenso guardarropa de la menor de los Monahan. No necesitaba nada sofisticado ni caro, o que diera una imagen que no era la suya. Violet era sencilla, aunque tenía un gusto impecable y por supuesto que compraba las mejores marcas. Tenían medidas similares, afortunadamente. Rebuscó complacida, por un buen rato maravillada ante la suavidad de las telas y texturas, hasta que al fin se decidió por algo cercano a su estilo.
Nada sorprendente, uno