Jace sonrió al observar a su preciosa sobrinita encaramada en la silla especial de madera mientras saboreaba un cono helado, toda ella cubierta en una gran tela protectora. Milo era un exagerado. La concesión del helado era algo que seguramente haría que Regina elevara una ceja, pero mantenía a Brooke ocupada mientras los tres conversaban.
Apretujados en las sillas plásticas del local de comida rápida, rodeados de griterío y gente que iba y venía, procuraban hacer un poco más de tiempo antes de