CAPITULO 50 Miró al cabrón con los dientes apretados.
La voz los hizo girar. Recostada en el vano de la puerta, Violet, la pequeña Monahan, lo miraba con tristeza en sus ojos.
—Violet.
Kaleb se incorporó dispuesto a consolarla.
—No, Kaleb, no. Esta vez no vas a ser tú el que me conforte o trate de tranquilizarme como si fuera una niña pequeña. Soy una mujer y no puedo creer que no seas capaz de verte como los demás lo hacemos. Jace está tratando de que entiendas que eres querible, responsable, el mejor hermano que podemos tener.
—Violet, no entien