Podía fingir indiferencia, podía liarse a puñetazos, pero sabía que Jace quería lo mejor para él. Tal como él mismo lo sentía cuando lo hostigaba.
—Esta familia marcharía mejor si cada uno se metiera en sus asuntos —rezongó, vencido, su actitud de gallo de riña desarticulada.
Mejor así, de todas maneras, pues Jace podía molerlo a golpes sin sudar.
—Es lo que nos hace ser familia. Lo que nos ha permitido crecer y despegarnos de nuestro pasado, Kaleb. Tú lo sabes mejor que nadie. Algo ha cambiado