Se forzó a guardar el miedo y a no dejarse arrastrar por él, conteniendo las lágrimas que amenazaban drenarla y dejarla sin fuerzas. Tenía que moverse, era la forma de evitarlo, salir de su vigilancia. Era una carrera contra el tiempo.
Llegó a su apartamento y tomó el gran bolso del closet, uno que estaba siempre preparado ante tal eventualidad y, antes de salir, revisó su móvil. Ni su hermana ni Kaleb le habían respondido. Corrió hasta su vehículo y guardó todo en el maletín trasero, montándos