CAPITULO 42 El orgasmo estalló imprevistamente.
Estar constreñida era una sensación extraña y seguramente podía ser una pesadilla en otro contexto. Sin embargo, frente a este hombre y en esta habitación que podía ser hasta una de tortura si así lo quisiera su dueño, ella se sintió calma y expectante.
Kaleb se dirigió a la pared donde estaban expuestos los instrumentos y eligió algunos, sin precipitarse. Casie lo miró hacer y mordió su labio inferior cuando vio que tomaba lo que a todas luces era una mordaza, un cuero con una bola.
—No podrás