Al salir del bar, Diego, Elsa y yo nos quedamos un rato charlando en la puerta.
Elsa, algo mareada, insistió en devolverse sola en un taxi.
Decía que no quería interrumpir nuestro momento romántico.
Pero, con el alcohol encima y tan tarde, ¿cómo iba a dejarla sola?
Así que decidimos acompañarla hasta su casa primero.
Una vez que Elsa se fue, el auto había quedado solo para Diego y para mí.
El ambiente se tornó pesado, cargado de tensión... esa que hace que el aire se sienta más caliente.
Yo ya t