Celia se arrodilló enseguida y empezó a explicar entre sollozos:
—Mamá, lo siento, no fue mi intención... Perdóname, mamá. Si Eva no me perdona, ¡mejor me muero!
Celia lloraba desconsolada.
—Celia, deja de hacerte la víctima... —comencé a decir.
Pero, antes de que terminara la frase…
¡Plaf!
Mi madre me abofeteó, dejándome paralizada.
—¡Ya basta! —Su voz retumbó en la sala—. ¡Tu padre ya no está! ¿De verdad las cenizas son más importantes que una persona viva? Si sigues molestando a Cel