Justo en ese momento, alguien pasó por mi espalda y, sin ápice de esfuerzo, le dio una patada al borracho que me estaba molestando, mandándolo a volar.
Por instinto, me giré...
Y vi a alguien nunca esperaría haber visto en esa situación: Diego.
—¿Con cuál mano la tocaste? —preguntó, con voz baja y peligrosa—. ¿O usaste las dos?
Diego entrecerró los ojos, observaba al tipo como si ya estuviera muerto.
Con un movimiento rápido, su zapato aplastó la mano del borracho, arrancándole un grito de dolor