Capítulo 18: La inquietud que no calla
Nerina regresó a casa cuando el sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos dorados y los grandes ventanales de cristal de su casa dejaban ver sus colores. En ese momento ella cerró la puerta detrás de sí con suavidad, como si el silencio pudiera absorber el peso de todo lo que llevaba encima. No obstante, con cuidado dejó el bolso sobre la consola de la entrada y se quitó los zapatos, caminando descalza hacia la sala para tratar d