Engaños
Aurora salió del edificio de las empresas Hastings con el abrigo bien ajustado y una mano sobre su vientre, todavía con el eco de la ecografía grabado en la mente. Los escoltas que Callum había dejado se movieron discretos a su alrededor, atentos a cada detalle de la calle. El atardecer londinense caía gris, húmedo y las luces de los faroles comenzaban a reflejarse en los charcos.
Un vehículo negro esperaba detenido frente a la acera, como cualquier otro de los que solían rondar la empr