Por Rodolfo
Miro, con asombro, como Kelly deja el columpio que es como un sillón y pasa a una hamaca común.
Comienza a hamacarse, fuerte, como si fuera una criatura.
Al ir hacia adelante, la luna ilumina su rostro angelical y veo que disfruta ese momento como si fuese una niña.
Estuvo casi 15 minutos hamacándose.
Me hizo gracia.
Se bajó de la hamaca acomodándose el vestido.
Antes de entrar a la casa, se chocó conmigo.
-¡Qué susto!
-Salí a fumar.
Quiso seguir de largo, pero se lo impedí.
Yo esta