Blanche:
Estoy en el comedor de la mansión, esperando a que los mellizos bajen a desayunar, me acompaña Mischa, y de los demás Ivanovs no hay ni rastro.
—¿Entonces, eres corredor de la fórmula uno?
Mischa bebe su chocolate caliente con lentitud.
—Pues sí. Intenté ser pintor, tú misma viste mis bocetos. Pero el arte no paga la renta, como dicen.
Arrugo el entrecejo.
—No me mires así. Siempre he sido un delincuentucho de quinta. Si te digo, que a los quince ya robaba autos y los conducía a más de