Valery:
Mantenerme despierta y lúcida es un esfuerzo sobre humano.
Ya no sé si es de día o de noche, ni si estoy viva o muerta.
Me relamo los labios, intentando tragar pero tengo la garganta reseca.
Los temblores se han apoderado de mí, y sé que no son causados por la fiebre, sino por las bajas temperaturas.
La puerta se abre nuevamente, y escucho el chirrido como de ruedas.
Me tenso al instante, porque esto no puede augurar nada bueno.
Un aroma reconocible llega hasta mí.
Huele a pollo frito.