Yamamoto libera su cuello, pero la deja sentada sobre sus rodillas. Mientras acaricia sus cabellos, como si ella fuera su mascota.
—La he domesticado. He seguido la tradición de los Ivanov y la he convertido en mi sumisa.- anuncia él, ofreciéndonos la sonrisa más macabra que he visto en mi vida, y la expresión vacía en la mirada de Vali me aterra.
No lo permitiré. ¡No permitiré que este cretino le haga daño a mi niña!
Del bolsillo de mi chaqueta, saco la navaja y me muevo rápida como un rayo a