Octavia
Aiden se había desvanecido hace dos comidas. La soledad y el silencio habían vuelto a envolver mi celda, dejándome sumida en mis pensamientos. Estaba recostada en el suelo, tratando de encontrar algún tipo de comodidad en el frío y duro suelo de piedra, cuando de repente la puerta se abrió de golpe.
Lucien estaba parado en el umbral, su imponente figura recortada contra la luz que se filtraba desde el pasillo. Al verlo, un escalofrío recorrió mi espina dorsal, y me puse en alerta inmedi