Octavia
Orión estacionó el auto de golpe a un lado de la ruta, su mirada fija al frente y su mano apretando el volante con fuerza. La tensión en su cuerpo era palpable, y podía sentir la seriedad del momento. Después de comunicarse brevemente con Lucas y Rider, se giró hacia mí, su expresión era una mezcla de preocupación y amor.
—Octavia, —empezó, sus ojos clavados en los míos, —necesitas saber que te amo a ti, y solo a ti. No hay nadie más en mi corazón. —Su voz era firme, transmitiendo cada