Orión
La ciudad que una vez conocí se había transformado en un campo de batalla, las llamas devorando edificios que habían sido hogares, tiendas y recuerdos. El olor a humo y sangre saturaba el aire, un recordatorio cruel de la guerra que se había desatado.
Mi aullido, un llamado a la unión y resistencia, resonó entre los edificios en ruinas, una señal de que el Alfa había regresado para liderar y proteger. La respuesta de mi manada, una mezcla de aullidos y gruñidos, me llenó de determinació