Orión
El rugido suave del motor y el zumbido de los neumáticos contra el asfalto eran los únicos sonidos en la noche, aparte de la respiración tranquila de mis compañeros en el auto. La luna, apenas visible detrás de las nubes amenazantes, lanzaba un brillo pálido sobre nuestro camino. Sentí una mezcla de alerta y calma mientras conducía; cada kilómetro que nos acercaba a nuestro destino incrementaba mi determinación.
Observé a Heider a través del espejo retrovisor. La niña descansaba plácida