Orión
Un grito desgarrador me sacó de mi sueño, rompiendo la quietud de la cueva. Estaba solo, y el eco del grito aún vibraba en el aire. Reconocí la voz inmediatamente y, sin detenerme a pensar, me puse de pie de un salto, impulsado por una urgencia desesperada. Era Octavia, y estaba en problemas.
Corrí a través del bosque, guiado por el rastro de su olor y los gritos que continuaban resonando en la noche. El cielo estaba oscuro, la luna oculta tras las nubes, y las sombras del bosque se cerní