Orión
—¡Alfa! Despierta Alfa —la voz urgente de mi guerrero me sacudió, arrancándome de la oscuridad densa y abrumadora en la que estaba sumido. La sensación de haber estado flotando en un vacío sin fin se desvanecía lentamente. Me habían dado una gran dosis de acónito, y el veneno aún latía dolorosamente en mis venas, haciendo que cada respiración fuera una lucha.
—¿Qué ocurre? —Pude balbucear con esfuerzo, moviéndome sobre la punta de mis pies. Mis manos seguían atadas al techo, y cada pequeñ