Aurora se dirigía hacia la salida, con el corazón latiendo en una retirada frenética contra sus costillas, cuando la música cambió.
El zumbido frenético y conversacional de la hora del cóctel se desvaneció, reemplazado por el barrido bajo, creciente y oceánico de un vals. Las luces del Gran Salón se atenuaron, convirtiendo la caverna de pan de oro en un mundo crepuscular de sombras y diamantes resplandecientes.
Estaba a tres metros de las pesadas puertas cubiertas de terciopelo. A tres metros d