El juramento quedó suspendido en el aire frío y salado del baño.
«Él nunca sabrá de ti. Moriré antes de dejar que te toque.»
Aurora seguía en el suelo, pero la mujer rota e histérica que había llorado a mares había desaparecido. En su lugar, de las cenizas de su antigua vida, acababa de nacer una madre.
Esa palabra era su escudo y su espada.
Se puso de pie con las extremidades entumecidas. Salió del baño hacia la oscura cocina de la cabaña. Su mente trabajaba a una velocidad vertiginosa, calcul