Capítulo 92

Isabela regresó a casa en el silencio de la madrugada.

Se lavó la cara, se cambió de ropa y, en lugar de ir a su propio cuarto, llevó una silla a la habitación de los niños. Se quedó observando el rostro de Killian mientras dormía: las mejillas relajadas, la respiración pausada, completamente ajeno a todo lo que había sucedido esa noche.

Se quedó allí hasta el amanecer.

La negativa de Maison a firmar era evidente. Su intención de mantenerla en un limbo —ni esposa ni exesposa— era igual de obvia
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