Me quedé boca abajo un rato mirando la caja de madera podrida, contemplando cómo el aparato que estaba ahí adentro me había cambiado tanto la vida, a mi y a todas las personas que me rodeaban era una maldición y me prometí que cuando todo terminara lo lanzaría a lo más profundo del mar para que nadie pudiera verse tentado nuevamente a buscarlo, a dañar la vida a una familia entera y justificar muertes innecesarias en su nombre.
Cuando me puse de pie los tres me miraban, cada uno con una expresi