El sol calentaba la tierra de una manera casi sorprendente, aquella mañana hacía más calor que cualquier otro día. La temperatura estaba insoportable y tan solo eran las nueve de la mañana.
La Omega ya se encontraba en la sala de parto, habían pasado más de ocho horas y aún el Alfa que se encontraba fuera esperando no sabía nada al respecto sobre su hijo, pero se encontraba nervioso, muy nervioso.
—Señor, ya puede entrar, puede pasar a ver a su hijo.
El castaño sonrió al oír aquello y se adentr