Uno, dos, tres.
Cuatro, cinco, seis.
Siete, ocho, nueve.
Diez... Mierda, diez... ¿Once?
—Despierta de una maldita vez.
Pestañeó un poco sintiendo cómo de repente la fría y dura realidad lo golpeaba de frente, haciéndole ver que acababa de dormirse y nada de lo que había soñado realmente había sucedido.
—Vamos, debes levantarte, ¿crees que estás en hotel? Bueno, no lo estás, despierta.
Sus débiles y delgados brazos intentaron ayudarlo a pararse del suelo pero perdió la fuerza cayendo de nuevo y