Junto a la consumación de su matrimonio llegó para Magnus y Bea la cómoda estabilidad de la rutina. Él se enfocó en descubrir a quienes le estaban jugando sucio en la empresa y ella en resolver sus asuntos pendientes.
—Ya sólo me falta pagar la mitad de la deuda —dijo ella.
Se había reunido en un café con su ex jefe.
—Y ha sido en menos tiempo del que me esperaba. No sé de dónde has logrado sacar tanto dinero, pero ya pude volver a abrir el negocio. De momento estoy con una tienda on line.
—Me