Una hora estuvo Magnus en la ducha, como en los viejos tiempos. Esta vez Bea no derribó la puerta, aunque ganas no le faltaron. Y no precisamente para salvarlo.
—Ya me siento mejor —dijo él cuando salió.
—Pues te va a durar poco. Explícame lo que pasó, Magnus y más te vale que sea una explicación convincente.
—Ya te lo dije, fue para ayudarte. Si mis peores empleados pueden pasear impunemente por Europa en un Ferrari gracias a mi dinero y darse la gran vida, ¿cómo podría permitir que mi esposa