Magnus cruzó el hall de empresas Grandón con la moral en alto. Sería un gran día y terminaría mejor aún. No permitiría que los pensamientos negativos mermaran su seguridad y arruinaran sus promesas sexuales. Era un hombre de palabra.
Saludó a su asistente y entró a su oficina. Salió unos segundos después y se quedó mirando los asientos que había en un rincón.
—Isabel, eso que está allí, leyendo ¿es un niño?
—Sí, señor.
—¿Trabaja aquí? Porque, si no recuerdo mal, las leyes laborales nos impiden