Luego de una ducha bien fría, Bea estuvo en condiciones de pensar. Ser descubierta prácticamente en medio del acto debía ser de lo más terrorífico que le había pasado. Que se le quitaran las ganas de golpe acabaría por enfermarla, por dejarla paranoica, estresada y seca.
Ni hablar de Magnus, a él todo le afectaba el triple. Y justo cuando más receptivo estaba, cuando se atrevía a tomar la iniciativa de manera tan seductora. Rogaba para que no se volviera más aprensivo, para que no quedara impot