19. Puedo fingir también.
«Cada caricia que permitas que él te dé hoy, me la vas a pagar a mí el doble mañana».
¿Qué diablos significaban esas palabras?
Deslicé el teléfono de nuevo en mi bolso, mientras su advertencia continuaba repitiéndose en mi mente una y otra vez, como un eco perturbador. Me limpié las lágrimas de golpe al escuchar que el agua de la ducha se detenía. Aspiré una bocanada de aire, forzando a mis pulmones a llenarse, intentando calmar el latido errático de mi corazón. Kedar era demasiado intuitivo; si