18. Él te vigila.
El resto del trayecto hacia el hotel fue una completa tortura. Mientras Kedar hablaba por teléfono, terminando de concretar algunos de sus asuntos con diferentes socios, yo me mantuve en silencio, mirando la ciudad pasar a través de la ventana tintada. Estaba tan tensionada que sentía los músculos de mis piernas a punto de agarrotarse por la fuerza con la que los apretaba. En el bolso, mi teléfono no dejaba de vibrar, poniéndome cada vez más nerviosa. Rogaba porque fuese Samara intentando contac