El sol comenzaba a ponerse cuando Nicolás y Valeria se encontraban en el jardín de la mansión, rodeados por las flores que él había colocado allí para ella. El aire cálido de la tarde envolvía sus cuerpos mientras el aroma de las rosas se mezclaba con el ambiente, trayendo consigo una sensación de calma, pero también de nostalgia. Valeria estaba frente a él, con la mirada fija y una leve sonrisa, esa sonrisa que Nicolás tanto amaba, pero que ahora le resultaba imposible devolver.
—¿Dices que me