El viaje de regreso a casa transcurrió en un silencio cómodo, solo interrumpido por las caricias furtivas de Nicolás sobre la mano de Valeria y las miradas cargadas de emoción que compartían. Afuera, la tarde se teñía de tonos dorados y anaranjados, envolviendo el paisaje en una calidez que parecía reflejar lo que sucedía en sus corazones.
Cuando llegaron a la mansión, Nicolás no perdió oportunidad de mostrarle a Valeria cuánto la deseaba. Apenas cruzaron el umbral, la tomó de la cintura y la g