Zamira
El espejo de la suite de mi departamento en la ciudad me devolvía la imagen de una mujer que ya no recordaba lo que era llorar. El vestido que elegí para el cóctel benéfico anual de la firma Smith era una armadura de alta costura: un diseño de satén azul largo hasta el suelo, con una abertura vertiginosa en la pierna izquierda y la espalda completamente descubierta.
Me coloqué unos pendientes de diamantes que tintineaban con cada movimiento de mi cabeza y me pinté los labios de un tono ro