Era lunes por la mañana y el ambiente en mi propia oficina se sentía como un témpano de hielo. Caminé por el pasillo principal pisando fuerte con mis tacones de aguja. Llevaba un traje gris impecable y el pelo recogido en una coleta alta, lista para los negocios. Supuestamente, hoy era el día en que regresaba al mando. El día en que iba a usar esa auditoría internacional para acorralar las empresas de Cristian y demostrarle quién tenía el verdadero poder.
Pero la verdad era que por dentro estab