Cristian
El segundero del reloj de pared avanzaba con una lentitud insufrible, marcando cada minuto como un golpe directo a mis costillas fisuradas. Estaba postrado en la enorme cama de la habitación de huéspedes de la mansión de mis padres, atrapado en una recuperación que me sabía a cárcel. Mi cuerpo estaba magullado, pero mi mente se encontraba a miles de kilómetros de distancia, perdida en un laberinto sin salida.
¿Dónde e