Encerrada en su casa, así estaba Isabella.
"¿Con qué pobre ignorante crees que estás tratando, cerdo asqueroso? Si quieres que me vaya de MI casa, tráeme una orden de desalojo. Hasta entonces, ni se te ocurra aparecer frente a mí o te denunciaré por acoso". Dicho aquello, Vladimir se fue con el rabo entre las patas.
Y ahora temía verlo aparecer en cualquier momento con la dichosa orden. Qué situación tan angustiante era en la que estaba, ya sin el control de nada, acorralada. Y todo por culpa