Isabella se levantó de prisa y, jalando a Jacob, se lo llevó por el pasillo. Nada estaba dicho todavía, si todos mentían ella también podía hacerlo y sería una completa descarada.
—¡Escóndete! ¡No salgas, por lo que más quieras!
—Esto es muy humillante —se quejó Jacob.
—Te lo compensaré.
—Y te lo cobraré.
Él se fue escaleras arriba, ella fue a abrir la puerta luego de presionar el botón que abría el portón. Un auto negro llegó al frontis, con la elegancia de los modelos italianos y así fue e