Era surrealista. Isabella no hallaba otro término para definir la inverosímil sucesión de eventos que la tenían histérica, al borde de la locura.
A todo lo que ya había perdido ahora se sumaba su casa. ¡Su casa!
—¡Se supone que enviaron dos notificaciones judiciales por correo! ¡Dos! Y yo no vi ninguna. ¡¿Dónde están, Mary?! ¡Tú eres la que recoge el correo!
—No ha llegado nada para ti, Isabellita. Las demás cartas se las dejé al señor en su despacho, como siempre.
¿Sería posible que Oliver las