Habían dado las siete de la noche para el momento en que Agnes recibió una llamada, se había sentado a ver televisión, recostada de lado en su sofá después de haber cenado. Cuando se dio cuenta que la estaban llamando, tomó el teléfono para contestar.
—Diga.
—Agnes, ¿cómo te va? ¿Estás libre esta noche? —La voz femenina al otro lado de la llamada le hizo cambiar el ceño fruncido por una mirada más calmada.
—Ah, hola Helen, ¿cómo has estado? —contestó mientras se levantaba por un vaso con agua e