Para el momento en que estaban terminando la charla, se encontraban a punto de retirarse del bar mientras hacían unos cuantos comentarios más al respecto.
—Todavía no me puedo imaginar la cara de sorpresa que pondrán en la oficina de ahora en adelante —destacó Isa entre una risa—, la pequeña Agnes, quien era la sombra de Herman Rodh, ahora es su esposa.
—Oye, basta ya —se quejó avergonzada. Agnes estaba todavía recargando su peso hacia la barra mientras apoyaba su rostro en uno de sus brazos,