Capítulo Veintisiete

Ares simplemente ingresó a la mansión no solo porque estaba dispuesto a darle un momento sola a la pareja Padilla, más bien era la necesidad de cerciorarse de que Pilar estuviese bien, algo que por supuesto no pasó desapercibido para Esther, quien como era de costumbre, inmediatamente le dio un leve codazo a Rosamel, mismo que la miró con molestia, para luego observar cómo su esposa apuntaba con su barbilla en dirección a Ares.

—No es necesario que me golpees, solo dime que lo vea y lo veré.

Se quejó el mayor, aun pensando en todo lo que había sucedido en su ausencia.

—Trataba de ser disimulada, pero esa es una palabra que tú no conoces, entonces ve, eso es su nombre.

—Conozco esa maldita mirada.

Musitó con preocupación Rosamel, al tiempo que ambos se dirigían a la cocina.

—¿Qué mirada?

Decidió fingir demencia la mayor, y su esposo simplemente suspiró con cansancio.

—Esa absurda necesidad que tienes de conseguirle esposo a nuestra hija, mejor ve lo que ha sucedido.

—No es una absurda
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