Ares le preguntó si estaba lista y Pilar simplemente dijo que sí, quizás era la euforia de todo lo que estaba sucediendo, de que tal parecía que su vida estaba cambiando para bien, pero la verdad que, al abrir los ojos a la mañana siguiente, el miedo la abrumó, simplemente no podía visualizarse frente a Daniel, su temor a ser juzgada aún por quien no tenía derecho a hacerlo, la hizo temblar.
—¿Te encuentras bien cariño?
Los brazos de Ares a su alrededor la hicieron sentir como si se estuviese colocando una armadura.
—Ahora creo que lo estoy.
Dijo a la vez que liberó un suspiro, Ares, sin embargo, estaba ajeno al sentimiento de terror que Pilar había sentido, pues este hombre la había anhelado tanto, sentía que todo lo que había sucedido la noche anterior era simplemente un milagro, y no era solo el hecho de ser el padre de Caleb, era saber que Pilar estaba dispuesta a intentar un futuro con él.
—Aun creo que estoy soñando.
Reconoció el mayor sin pena alguna, al tiempo que dejaba un be