Por supuesto que Marta no se quedaría únicamente con lo dicho, esta mujer que era sumamente meticulosa, y a primera hora de la mañana llamó al único aliado que podía llegar a tener, Osvaldo Villaruel.
Mientras las empleadas disponía la mesa para un desayuno más que agasajador, Marta pensaba en lo irónico de toda la situación, el guardar las apariencias era realmente desgastante, pero aún entre conocidos y amigos, una persona de alta sociedad no podía mostrar su verdadera cara, sin embargo, tamp