Un escalofrío recorre el cuerpo de la princesa Mía, debido a que no era lo que esperaba, que fuera algún Rogue, o el amor de su vida, sino el malvado rey, el cual sostiene una pequeña espada en su mano derecha y dice.
—¡Ven conmigo!— ordenó, mirándola con desdén mientras su frente suda, porque la presencia del Rogue está en su reino y todos tiemblan por ello
—¡No! ¡Déjenos en paz!— Mía se va al otro extremo de la cama y agarra la lámpara de la mesita de noche, para así defenderse de ese cruel r