—Desde hace una semana, trabajo como dependienta, y es terrible, la administradora se cree mi dueña, solo le falta decirme que le limpie el trasero —Le cuento a Rita, quien parece más distraída de lo normal. —¿Rita, siquiera me estás escuchando?
—¿Eh?, ¿qué?… ¡Ay, perdóname!, es que no puedo creer que mi padre me quiera enviar a Londres a estudiar.
—Si, yo tampoco lo creo, pero quizás si hablas con él, lo reconsidere y…
—No, ni hablar, él me consiguió un cupo en una de las mejores univ