Austin me presta algo de ropa, me queda un poco grande, pero me sirve mientras vamos hacia el otro apartamento, por mis cosas.
Cuando llegamos, vemos que los hombres de Efraín están rondando el edificio.
—¿No se dan por vencidos? —Digo frustrada, pero Austin, permanece calmado y en silencio, por un momento.
—No te preocupes, ya mandaré a alguien más por tus cosas, por ahora lo mejor será comprarte algo que puedas usar.
Asiento, porque es inútil que me oponga, cuando no te