—Te veré más tarde, entonces. —Le digo a Austin.
—¿Te parece a las siete? —Me pregunta.
—A esa hora está perfecto. —Me hace un gesto de despedida con la mano, y sale de la habitación.
Cierro la puerta, para empezar a prepararme para mi primera cita oficial con Austin.
«¡Es solo una farsa, no tendremos una cita real!» —Me repito una y otra vez, pero es inútil, pues no puedo evitar sonrojarme y que se me acelere el corazón, y a medida que corre el reloj, una oleada de emociones que no